Durante el encuentro desarrollado el 1 de agosto en la residencia de San Joaquín, cada niña recibió un morral con materiales creativos para dar inicio a la jornada: lápices de colores, plasticina y libros para pintar, entre otros elementos. Además, los voluntarios llevaron snacks para compartir, como compotas, jugos y galletas, sumando así una entrega de apoyo y compañía.

Las actividades se realizaron en dos grupos, considerando que la residencia cuenta con una organización en “Casa 1” y “Casa 2”. Hubo pinta caritas, dibujos impresos para colorear y personalizar poleras con acrílicos, para que cada niña pudiera crear y llevarse un recuerdo de la experiencia compartida.

La iniciativa tuvo un sello propio de los estudiantes, ya que el voluntariado es autogestionado: ellos llegan con ideas e iniciativas y se ajustan al contexto del lugar para que la actividad sea significativa. En este caso, la Residencia Las Azucenas fue elegida porque las universitarias y los universitarios querían una actividad alineada al Día del Niño y Mes de la Solidaridad, lo que se ajustaba perfectamente a nuestras residentes, 15 niñas entre 5 y 20 años.

La instancia marcó un aprendizaje valioso para los estudiantes; algunos de ellos indicaron que era la primera vez que visitaban una residencia y que, con esta experiencia, pudieron “sacarse prejuicios”, comprendiendo que el cuidado y el bienestar están presentes en el día a día de las niñas. Asimismo, la evaluación fue positiva respecto del impacto emocional y formativo del voluntariado, que no se limitó a una visita aislada, sino a la construcción de una mirada más cercana sobre la discapacidad intelectual.

“Los estudiantes quedaron especialmente motivados y ya se planifica un tercer y un cuarto voluntariado para el mes de septiembre, como parte del inicio de las seis líneas de voluntariado para el segundo semestre, incluyendo la línea institucional/comunitaria con espacios de formación e inclusión”, concluyó Carolina Arenas, encargada del voluntariado de nuestra fundación.